Hoy despedimos a la Madre Chon con el corazón lleno de tristeza, pero también de un profundo agradecimiento por haber compartido su vida con nosotros. Fue una mujer maravillosa, alegre y luminosa, que supo entregarse a los demás con una generosidad sin límites. Su sonrisa sincera y su cercanía tenían la capacidad de transformar cualquier momento sencillo en un regalo.
Tenía un amor especial por los mayores, a quienes cuidó con ternura, paciencia y una sensibilidad que nacía del corazón. En cada gesto, en cada palabra amable, dejaba huella. Para muchos fue consuelo, compañía y alegría; para todos, un ejemplo de entrega y humanidad.
La vamos a echar muchísimo de menos. Su alegría contagiosa, su presencia cálida y su forma tan auténtica de querer permanecerán siempre entre nosotros. Confiamos en que ahora descansa en la paz de Dios, y que desde allí sigue sonriendo y cuidando de todos, como siempre hizo aquí.
Gracias, Madre Chon, por tanto amor sembrado. Tu recuerdo vivirá para siempre en nuestros corazones.

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